Me lo contó una amiga…

El apellido como territorio de poder

Por Sol Pavéz

El lenguaje es básicamente el instrumento construido a través de la cultura por medio del cual las personas nos comunicamos, un conjunto de signos a través de la palabra que representan pensamientos y con estos deseos, sentimientos y modos. Una palabra es una unidad de significado que resulta muy fácil de identificar, tanto en el habla, en las señas, como en la escritura.

La palabra nombra y articula sentido dentro de la comunidad. Entonces el lenguaje es un elemento de extraordinario poder, y apropiarse de éste es una de las maneras de ejecutarlo.

 Cuando se hace referencia a exponentes destacados en la historia, si estos son varones, se ponen en palabra a través de sus apellidos, Borges, Pérez Esquivel, Einstein, Cortázar, Darwin, Walsh, no es necesario agregar  más,  su significante y simbología dentro de la sociedad es claro. El apellido funciona entonces como una totalidad, como cosa absoluta y de poder, ¿Por qué de poder? Porque no sucede lo mismo si nombramos referentes femeninos. Si con una sola palabra reconozco un todo, este “todo” es más poderoso, importante, de mayor reconocimiento y absoluto.

¿Ninguna mujer hizo algo tan trascendente como para ser identificable del mismo modo? sí claro que sí, pero siempre nos acompaña algo más que aclarar, que demostrar, o en todo caso si no es necesario se transforma en una excepción.

Anteriormente los apellidos correspondían al lugar de origen de la persona, al oficio que realizaban  o a características físicas. Pero en la nobleza, una de las opciones era tomar como apellido el nombre de un territorio conquistado, una muestra de dominación, de poder por sobre otrxs.

Tomar solo como propio algo que es también de otras, es una forma de dominación para establecer jerarquías, aquí entonces el lenguaje funciona  como una forma de apropiación.

El apellido es del varón, y es el varón  quien lo da, por más que hoy día las mujeres también podamos hacerlo, simbólicamente sigue siendo un territorio masculino.

Cuando se construye un sentido tácito entre otras cosas se limita la posibilidad de pensar ciertos modos o  conceptos, porque quedan de por sí establecidos y acordados, y éstos no tienen ninguna otra razón más que  beneficiar una parte, en este caso a una construcción patriarcal del mundo.

 En lo personal, me gustan más los nombres que los apellidos a la hora de comunicarme, pero esto debe ser una elección y no aquello que nos queda.  Las mujeres entonces nos debemos el  ser nombradas también con la misma unidad de sentido y todo lo que ello signifique.

Sol Pavéz